La importancia de la respiración abdominal

La manera en la que respiras influye directamente en la salud de los músculos de tu suelo pélvico y en tu bienestar general.

 

La respiración es una actividad corporal esencial para nuestra existencia pero a la que no prestamos la más mínima atención hasta que aparece un problema respiratorio. Sólo nos paramos a observar cómo es nuestra respiración cuando se ve alterada al realizar un esfuerzo físico grande, cuando sentimos emociones intensas (pánico, ansiedad, miedo…) o un gran dolor.

 

Lo mismo sucede con el suelo pélvico, lo ignoramos en nuestras vidas hasta que comenzamos a padecer incontinencia urinaria, nos diagnostican un prolapso o quizás sufrimos problemas en nuestras relaciones sexuales.

 

No debemos olvidar que cualquier músculo del cuerpo trabaja en coordinación con otros que se encuentran próximos a él y que su tensión o su debilidad, afecta también a esos otros músculos con los que está conectado.

 

El suelo pélvico trabaja en coordinación con el “core”. ¿Qué es el core? En inglés significa núcleo o centro, se utiliza para nombrar toda la zona muscular que envuelve el centro de gravedad de nuestro cuerpo, que lo encontramos justo debajo del ombligo, aunque dependerá de varios factores como del movimiento del cuerpo.

 

Es muy importante un entrenamiento conjunto para conseguir un suelo pélvico saludable.

 

El diafragma (músculo en forma de paracaídas situado por debajo de los pulmones) es parte del core, en la respiración normal óptima además del diafragma intervienen los demás músculos del core.

 

Si queremos potenciar y realizar un entrenamiento eficaz y completo del suelo pélvico, debemos incorporar el trabajo del diafragma mediante las respiraciones diafragmáticas, tanto a la hora de relajar los músculos del suelo pélvico como a la hora de contraerlos y fortalecerlos.

 

¿Qué ocurre en este tipo de respiración?

 

En la respiración diafragmática, cuando inhalamos aire, el diafragma se contrae hacia abajo, expande las costillas inferiores y el abdomen y provoca un vacío en el pecho que hace que el aire entre en los pulmones, al mismo tiempo que empuja todo el contenido de la cavidad abdominal hacia abajo contra el suelo pélvico haciendo que éste se estire pero con la tensión suficiente para soportar la presión justa que aquél le está transfiriendo.

 

Al exhalar ocurre todo lo contrario, el diafragma se relaja y eleva hacia arriba expulsando todo el aire de los pulmones y tirando hacia arriba de todo el core y del suelo pélvico, que se activa contrayéndose y elevándose en coordinación con el diafragma.

 

Así, el diafragma trabaja junto con el resto de elementos del core de manera coordinada y sincronizada como un bloque elástico que, a modo de pistón, bombea aire dentro y fuera de los pulmones.