Mamograma (o mamografía) para mujeres con implantes de seno

Testimonio real:

“Me puse implantes en el pecho con 20 años.  Desde la adolescencia, acarreaba cierto complejo y una ilusión enorme por tener algún día el pecho que la naturaleza me había negado.⁠⁠

Por fin reuní la valentía (y el dinero) necesario para operarme, animada por muchas de mis compañeras de trabajo que ya lo habían hecho y que, a mis ojos, parecían mujeres felices y perfectas gracias a aquella decisión que tomaron en algún momento de aumentar su pecho.⁠⁠

La operación fue muy bien, el cirujano fantástico, la recuperación maravillosa, y el resultado espectacular. ¡Todo era como un sueño! Me veía genial y me sentía aún mejor. ⁠⁠

Recuerdo que en la última revisión me dijeron: “poco antes de los diez años, debes revisarte los implantes y, casi con seguridad, reemplazarlos”. ¡Pfff! Pensé. ¡Diez años! Falta una eternidad para eso.⁠⁠

Y la eternidad pasó en un abrir y cerrar de ojos. No había caído en la cuenta de los años que hacía ya de aquel día. Pero una punzada muy fuerte en el pecho me lo recordó. Y otra más. Y muchas más que fueron llegando como un aluvión. Me asusté. ¡Habían pasado 11 años! Y vinieron a mi cabeza todos los rumores e historias que había escuchado sobre roturas de prótesis. También todas las personas que (en mi caso más de 15) habían padecido y/o fallecido de cáncer en mi familia. Más de la mitad por cáncer de mama (incluso algún hombre). ⁠⁠

Inmediatamente saqué cita con mi médico de cabecera y le comenté lo que sentía y los antecedentes familiares. El doctor puso cara de preocupación y me exploró. Cuando comenzó a palparme, su cara cambió de repente. Pasó de preocupación a enfado. “¡Llevas implantes!” Me reprochó. Es verdad, no se lo había comentado… ¿Vergüenza? ¿Miedo a que descarten una posible enfermedad y lo achaquen todo a la prótesis? Pues sí. Con la segunda acerté. El médico paró automáticamente la exploración y me dijo que debía acudir a mi cirujano plástico. Así de rotundo.

Siguiendo su consejo, y dado que los dolores no remitían, intenté contactar con mi cirujano, pero ¡había fallecido! Así que tuve que buscar un nuevo profesional. Hablé con unas, con otras, leí foros, busqué en internet… Pero todo lo que veía, leía o consultaba era bonito, hermoso y feliz. Tratándose de implantes de pecho, nadie hablaba de posibles complicaciones (que no fueran casos extremos o muy raros). Yo solo quería saber cómo sería una mamografía con implantes. Si la presión de la máquina podría romper (si acaso aún más) el implante; si se podría ver un posible tumor con el implante ahí puesto, si podría hacérmelo en cualquier sitio o debería ir a algún sitio en concreto, con alguna máquina especial…

Concerté cita con 3 cirujanos plásticos, y los dos primeros solo me hablaban de cambiar los implantes, de poner uno así o asá, que si más anatómicos, que si relleno del canal, que si quedarás mucho mejor, que patatín y patatán… pero nadie me respondía a mis dudas y preocupaciones sobre una posible enfermedad.

Finalmente, el tercer médico creo que notó la desesperación en mi cara y se compadeció de mí. Intentó calmarme e ir paso a paso. Me indicó una ecografía para ver el estado de las prótesis y comenzamos desde ahí.

El resto… bueno. Sólo digo que tuvo un final feliz. Pero cada vez que lo hablo con alguna mujer que tiene o ha tenido implantes, compartimos la misma opinión. No entendemos por qué algunos médicos no especialistas en cirugía plástica, aunque sí especialistas en mama, se niegan a atender a pacientes con prótesis, como si la mama no existiera más y fuese reemplazada directamente por dicho implante. O por qué los cirujanos plásticos se centran solo y exclusivamente en los implantes, dejando de lado la mama, haciéndonos pensar en lo bonito y hermoso de la estética del pecho, pero ignorando las posibles complicaciones de todo lo demás.

Habiendo experimentado tanta desinformación, me gustaría compartir con todas aquellas mujeres que estén en una situación similar algunas de las recomendaciones que me dieron a la hora de realizarme la mamografía.

Para empezar, cuando saques la cita, debes informar que llevas implantes, porque seguramente te darán cita con algún especialista que tenga ya experiencia en ello, y eso, al menos a mí, me tranquilizó mucho cuando me lo dijeron.

Ya en la cita me explicaron que tenía “suerte” de haberme puesto el implante “por detrás” del músculo, porque eso facilitaba mucho la vista de la mama con los rayos X, pero que aun así debían tomar algunas imágenes adicionales a las “estándar”. Me comentaron que en muy pocas, poquísimas ocasiones (aclararon), los implantes podían romperse con la prueba, y que por ello era importante avisar previamente. Incluso me recomendaron hacer una ecografía previa para conocer de antemano el estado de los implantes, por si existiera ya alguna rotura, interna o externa, lo que complicaría o imposibilitaría la realización de la mamografía.

La prueba en sí es un poco molesta, no lo voy a negar, pero me han comentado que sin llevar implantes también lo es. Pero nada es más molesto y perturbador que la desinformación y la incertidumbre en sí mismas. Así que repetiría sin dudar las veces que hicieran falta.”

Belén Montoya.